Respondiendo a la aceptación, vamos a la segunda entrega de Cans de Palleiro (Berger & Rivas & Sampedro). Como sugerencia a quienes están siguiendo esta conversación, sugiero que se acercen a la trilogía "De mis fatigas", de John Berger, compuesta por las novelas: Puerca Tierra, Érase una vez Europa y Lila & Flag,que son una seguidilla de historias sobre el campesinado en Europa.
Continúa Cans de Palleiro:
Víctor Sampedro:
Esto conecta con la capacidad de resistencia de la que hacen gala permanente los
campesinos, a pesar de su vulnerabilidad respecto al clima, a los cambios económicos y
sociales. John terminaba su novela Puerca Tierra con un epílogo histórico, escrito en
1979. Afirmaba que el campesinado es, ante todo, un actor social que sobrevive y
resiste. Amenazado por la desaparición, adopta la defensa de guerrillas: “red de
pequeños senderos que cruzan un medio hostil”. Además, añadía John, “todas las
tranformaciones que pueda imaginar el campesino implican su volver a ser `el
campesino’ que fue”. Intentando pasar hacia los temas de la globalización, éste parece
ser el mensaje del sub-comandante Marcos y el EZLN, cuando afirman que todos de
algún modo somos zapatistas, desde el homosexual de San Francisco hasta el
desempleado parisino.
John Berger:
Sí, lo son, no hay duda para mí. Cuando empecé a escribir sobre los campesinos
de la montaña, como Manuel hace sobre los aldeanos gallegos, la gente me decía con
cierta ira: Te estás apartando del mundo. ¿Sí? Es una visión tan, tan limitada. Las
últimas semanas Nela y yo estuvimos liados en una película, un corto documental con
Salgado sobre las migraciones, llamado Éxodo. He olvidado las estadísticas exactas,
pero de hecho hay cientos de millones de campesinos sumidos ahora en movimientos
migratorios. Se ven forzados y obligados a ello. Está pasando en todas partes, en todos
lados, a una escala extraordinaria. Y se ha convertido en el principal problema del
mundo. La pregunta es: ¿qué traen consigo estos cientos de millones de personas y
cuanto tiempo serán capaces de resistir siendo campesinos? ¿Cuánto? Porque ellos
todavía insisten en ser campesinos, aunque emigren. ¿Cuántas cosas traerán que
nosotros necesitamos? Esta pregunta se ha convertido ahora en la pregunta global. Por
supuesto que podemos hablar del sub-comandante y de los zapatistas. Pero nos llevaría
a algo diferente, porque entonces tenemos que debatir sobre las verdaderas fuerzas
políticas que funcionan en el mundo. Que por cierto nada tiene que ver ni con los
políticos ni con los partidos.
Víctor Sampedro:
Sí, ése es el diálogo al que apuntaba. Porque intentamos trazar esas preguntas,
apuntar cómo podemos orientarnos y reaccionar frente a los grandes procesos de la
globalización. En busca de referencias en medio del desconcierto, el EZLN quizás
pudiera compararse con otros campesinos que “se echaron al monte”. Por ejemplo, en
1939 algunos españoles se unieron al maquis, luchando primero contra el franquismo y
después contra los nazis. Abandonaron sus pueblos y dijeron no. Se pusieron en pie y se
retiraron a las montañas, donde conocían los recursos, cómo sobrevivir, cómo resistir,
cómo mantener las raíces, manteniéndose apenas de ellas... Y además, en un “ejército”
que no quiere serlo, porque como afirma Marcos, “su más alta misión es desaparecer”.
ManuelRivas:
El último guerrillero en Galicia, el último maquis, O Piloto, murió en el 67.Creo
que lo importante, como en el caso de los zapatistas, es señalar que en ningún momento
los campesinos han adoptado el lenguaje de las armas. En su discurso no ocupa un
primer lugar la idea de ganar para tomar el poder, que en México resulta una constante.
Alí incluso se cultiva una memoria revolucionaria, casi institucional, institucionalizada
en el PRI. Creo que el zapatista y el campesino en general rompen precisamente con
todo eso. Dicen: No queremos la poltrona, el poder; es decir, tomar la cúpula como en
una revolución clásica. Sino que realmente defienden un proyecto de cambio de vida, a
partir de plantear cuestiones concretas. No hay una idealización de las armas, que se
convierten en prolongación del brazo. Al contrario, claramente manifiestan su disgusto
al portarlas. Quizás sean a quienes menos les gusten las armas en todo México. Las usan
y aprecian mucho más la policía, los narcos y las mafias.
Existe la sensación de que la globalización y la vanguardia corresponden a
iniciativas en manos de los grandes poderes. Pero estos poderes no están ligados a los
ciudadanos, ni siquiera asociados a sus gobiernos nacionales. La gran trampa es su
abstracción, su camuflaje. El llamado discurso de la globalización, hoy en día, es una
retórica del mercado y del poder, que son las auténticas realidades y las dinámicas que
cuentan. Nuestra obligación, lo que sí podemos hacer, es plantearnos preguntas.
Digamos que la gran trampa consiste en anular el tiempo, en el sentido que decía John.
Debiéramos insistir que existe un pasado y un futuro. Si nos fijamos, toda la publicidad
siempre gira alrededor de la idea de que el futuro ya está aquí. Vivimos en el mejor de
los mundos posibles. Todo va bien. Y creo que nuestra obligación es romper esa
pantalla, en la medida que podamos, con lo que sea, con el bolígrafo, con el ordenador...
El mundo de Internet en Mozambique creo que se reduce a seis conexiones, seis
puntos, seis personas; en Angola, dos. Dos tercios de la humanidad todavía no pueden
hablar por teléfono tal como lo usamos la mayoría, sin tener que desplazarse varios
kilómetros. Ésta es un poco la tarea, que no es pequeña. Rebatir la retórica imperante
con cierta rotundidad, lanzar las preguntas como proyectiles y cuestionar esa idea de
que el futuro ya está aquí, que lo vivimos y que la historia ya se ha acabado.
John Berger:
Sólo vuelvo un momento a las razones de por qué me fui a aquella universidad.
Me marché allí porque no pude encontrar en las bibliotecas autores con experiencias
reales, que hablasen de los campesinos, ni desde la izquierda ni desde la derecha.
Resulta totalmente imprescindible hablar estos temas. Si uno puede hablar del
capitalismo, también puede hacerlo de los campesinos que están siendo expulsados de
sus tierras, durante la revolución industrial en Gran Bretaña, en Irlanda, y ahora en
África, el sudeste asiático... Podemos denunciar los males de la industria agrícola y
ganadera, que son parte de la globalización, pero no deberíamos olvidar lo que pasó en
la Unión Soviética y en las regiones del Este que vivieron la destrucción más brutal y
sistemática del campesinado. El error afecta tanto a la izquierda como a la derecha,
como dijimos antes. E importa repetirlo, porque ambos bandos han estado de acuerdo en
una cosa: los campesinos están atrasados, siguen de espaldas al progreso y por eso
pertenecen al pasado. Por tanto, cuanto antes desaparezcan, más rápido sobrevendrá el
futuro, tanto si es un futuro comunista o capitalista.
Ahora bien, hablando de los zapatistas, les distingue el respeto enorme, la
consciencia de una humanidad y una historia compartidas, así como de las necesidades
humanas que ese pasado articula. Al mismo tiempo, y esto resulta muy especial, Marcos
ha asimilado la lección de que los media existen y que resultan claves. Por eso puede
usar los medios contra ellos mismos, como deberíamos aprender a hacer todos. Pero sin
recurrir a los dos viejos discursos de los que hablábamos, que sólo están pensados en
términos de un futuro enfrentado a lo caduco.
Los medios de comunicación actuales sufren el impulso propio del delincuente:
venderlo todo inmediatamente, para sacar el máximo beneficio en los próximos dos
meses. Concentran el discurrir del presente en lo inmediato, lo exponen como si
careciese de pasado y de futuro. Sin embargo, podríamos intentar retomar la perspectiva
de la existencia de diferentes puntos de vista sobre el presente. En lugar de ello, nos
centramos en lo que está pasando ahora, presentado sin más alternativa que la que nos
muestran. También es cierto que hay una libertad en la expresión, de discursos que son
nuevos y funcionan, por supuesto, de manera totalmente diferente. Estoy dando un gran
salto, pero parece que proliferan músicas, trabajos con enfoques distintos... Pero no
quiero seguir, porque es un asunto diferente. Lo que quiero decir es que no estamos
solos.
Víctor Sampedro:
Me alegra que los dos hayáis sacado a relucir los medios de comunicación.
Algún autor ha dicho que la información impone formatos (da forma a la realidad),
habla de transformación (transforma la realidad) y la conforma (genera conformidad).
Parece que los medios están realizando estas tres tareas de forma cada vez más
sofisticada. Manolo, tú denunciabas como fraude el mito de la sociedad de la
información. John, señalabas que debemos contar con los medios, instrumentalizarlos
con otros fines.
John Berger:
Sí, por supuesto, por supuesto. Lo están haciendo los movimientos anti-
globalización en Seattle y ayer en Praga, y los campesinos de José Bovais en Francia.
Ninguno de ellos podría existir sin la Red ni los otros medios.
Manuel Rivas:
Me gustaría insistir que a veces olvidamos hechos muy importantes y recientes.
En el Londres del siglo pasado, durante la Revolución Industrial inglesa, dos tercios de
los ataudes eran de color blanco, para niños. Consideramos a Dickens como algo del
pasado, pero esto ocurre también en la actualidad. Y no sólo en Londres. Sabemos que
está pasando en las grandes metrópolis del mundo, en muchas partes, ahora mismo. Se
trata del mismo mundo que el de Dickens. La novedad reside en que nosotros y quienes
sufren esta situación lo sabemos.
Para mí, el sida representa de modo dramático la nueva situación, creada de un
lado por la excedencia de información y, de otro, por la administración absurda de lo
económico que domina todas las esferas. Se trata de algo público. Lo dice la ONU. Se
proclama desde todas las tribunas y en todos los medios de comunicación: Ya existen
tratamientos médicos para controlar en gran parte esa enfermedad. Pero a la vez se nos
está diciendo que treinta millones de personas están aquejadas de sida en Africa y que
cada día mueren miles de niños. La diferencia, respecto a otros periodos, estriba en que
muchas de las personas agolpadas en los hospitales en Africa saben que existen esas
medicinas y que quizás tan sólo un avión se las podría llevar en cinco o seis horas. Pero
también saben que tienen un precio inasequible. Creo que esto es lo dramático y, en mi
opinión, va a provocar más de una sacudida. En ese sentido sí pienso que la información
y los medios como Internet son una gran herramienta de transformación, pueden serlo.
John Berger:
Si entendí bien, Manuel decía que la gente cree que Dickens está pasado de
moda, pero de hecho no es así, ¿de acuerdo? Resulta curioso. No paran de surgir
coincidencias como ésta entre nosotros. La semana pasada me estuve leyendo Hard
Times de Dickens y resulta increíble su actualidad.
Víctor Sampedro:
Manuel decía que habrá sacudidas. Coincidirá en que tiene que venir un
terremoto en la aldea global, la aldea terremota, como alguien bautizó las poblaciones
gallegas afectadas por seismos. Todos de baja intensidad, claro. Por tu parte, John, en tu
último libro, citas a Jean BaptisteVico, y dices que primero habitamos la edad de los
dioses, luego la de los héroes y más tarde la de los hombres. Ahora, añades, vivimos en
la edad de los perros. Nuestra realidad cada vez se define mejor por los sin techo, los sin
tierra y la gente sin papeles de trabajo ni residencia.
Parecería que hubiésemos regresado al tiempo de los comedores de patatas,
como dice Manuel citando un cuadro de Van Gogh. O con otra de sus expresiones:
todavía somos el pueblo de la noche. Mucha gente busca luz, la utopía de la plenitud
económica, laboral o sexual que les vende el sistema, pero sólo encuentran escasez y
barreras.
John Berger:
No. Me pregunto si el sistema vende utopías, porque la utopía implica un futuro,
¿no? Y el sistema está ofertando sólo la próxima semana. De hecho trabaja con el
horizonte de los dos próximos minutos. En las fabulosas transferencias de dinero, cuyas
consecuencias implican a todo el mundo, el futuro no es siquiera la próxima semana. El
verdadero umbral son los próximos dos minutos. Te venden el sueño de la siguiente
venta. Pero eso no es utopía. Al menos no como yo la entiendo. Odio las utopías pero,
no obstante, se debiera conservar un cierto idealismo y ofrecer un sueño. Lo que nos
venden ahora no contiene ni siquiera un ápice de fantasía, excepto la que puede ser
utilizada para vender el siguiente producto el próximo viernes.
domingo, 8 de febrero de 2009
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