martes, 17 de febrero de 2009

Emociones Topofílicas VII

Continua con esta tercera entrega la conversación entre Berger, Rivas y Sanpedro, titulada "Cans de Palleiro". Esperen próximamente la cuarta y última.

***
Nela [recupera la palabra, tres palabras]:
Sólo venden eso.

John Berger:
Pero esta misma necesidad del sistema, del nuevo gran orden mundial, se apoya
en una red de magnitudes increíbles que puede ser usada de modo muy inteligente. Nos
hallamos en una situación interesante, contradictoria y dialéctica. Pero pensamos que no
tenemos parte alguna en ella. No nos sentimos parte de la misma. Sin embargo,
debiéramos tomar parte contra su mentira, desmentir la promesa absurda de haber
alcanzado ya las condiciones humanas de existencia. Todo eso es falso y no podemos
olvidarlo, sentirnos marginados de lo que oímos cada día, cada minuto. Hay
significados que debemos resistir y que han sido producidos a miles de millas de
distancia.
Hemos sido débiles, hemos empezado muy lentamente, sin el suficiente
optimismo o mejor, sin mostrar la suficiente fe. Pero las cosas están empezando a
cambiar, se mantiene la pequeña esperanza de que aquí reside el principio para seguir
comprendiendo y trabajando. Y podemos constatar algo increíble. Los políticos, en
todas partes, están cagados de miedo. No tienen miedo de nosotros, por supuesto que
no, ya que somos una amenaza insignificante. Pero sufren un miedo permanente, porque
el proceso se les escapa de las manos, no pueden controlarlo. Esto, que puede resultar
peligroso, de hecho no es tan malo [lo dice con un sonrisa mezcla de ironía y
entusiasmo].

Víctor Sampedro:
Estáis tocando temas muy interesantes, pero no queremos agravar vuestra falta
de sueño [John: Y la cama nos está llamando]. A ver si podemos esbozar algunos otros
puntos. Cuando arrancas una planta lo primero que ves son las raíces...

John Berger:
Si la sacas con cuidado.

Víctor Sampedro:
Cierto.Con algunos pueblos pasa algo semejante. Cuando pierden o abandonan
su territorio surge el nacionalismo, la reinvidicación de las raíces... Cuando eres
globalizado por un extraño lo primero que miras, como en la planta, son tus raíces.
Manuel en un poema magnífico dice “Abajo todas las naciones,/ dijo aquella especie de
mendigo./ ¿Todas?/ Todas, menos aquella / que dé buena sombra”. Está recogiendo la
idea del nacionalismo de Castelao, un intelectual y caricaturista gallego que escribió un
libro llamado Siempre en Galicia. Sin embargo, desde el final de la Guerra Civil vivió
exiliado hasta su muerte en Argentina.
Manuel comparte con Castelao la idea de una nación que está siempre presente,
que se hace presente en la frontera. Cuando estás siempre abandonando un espacio
resulta necesario saber a dónde volver. José Angel Valente, otro poeta gallego que
murió al lado del Mediterráneo, afirmaba “me voy para tener siempre que regresar”.
Este es un discurso sobre la nación negado por el mercado, porque las empresas buscan
consumidores y públicos cautivos. Tampoco lo recogen la mayoría de los nacionalismos
políticos, porque los líderes buscan votantes cautivos, enfrentados en las urnas. Ese
nacionalismo sólo se encuentra en la buena poesía. No sé cuales son las vías, los
vehículos para introducir en el mundo presente esta noción de patria, más humana y
real. Porque resulta cada vez más complicado hablar de tus raíces sin ser acusado de
atrasado. ¿Cómo escapar de esas etiquetas? Supongo que recuperando historias
personales que construyan naciones de carne y hueso. Ambos lo hacéis en vuestra obra.

Manuel Rivas:
Creo que frente a la globalización se produce una reacción defensiva, que utiliza
la palabra nacionalismo a veces para todo con un uso interesado.como ocurre con
cualquier palabra. Cuando hablamos de tareas de futuro, debemos recuperar el sentido
de las palabras nación y democracia. En mi opinión, para que tengan sentido deben
vincularse a la palabra comunidad. Me parece invivible un mundo sin un sentimiento
comunitario. A eso, en cierto sentido, puede ayudar las raíces. No en sentido retórico,
peleando por quién tiene más páginas en la enciclopedia, quién tiene más héroes, más
batallas ganadas o perdidas. Me refiero a un sentido vital y actual, ligado a un nuevo
comunitarismo.
Por ejemplo, el término democracia, que es muy importante, resulta inseparable
de un lugar, de un planteamiento de lugar. La democracia debe tener un marco. De ahí
la importancia de recobrar el sentido de la comunidad, de la democracia local, del
autogobierno. Reflexionaría sobre las raíces y el sentido de las raíces nacionalistas
vinculándolas a esta idea de comunidad y democracia.
Lo que pasa es que...claro, a veces se postulan unas raíces... Hay una frase para
mí inolvidable que dijo un emigrante gallego en un programa de televisión cuando
volvió a Galicia después de muchos años. Se había marchado de niño a Argentina y
cuando regresó a los 70 años, lo trajeron en un viaje de estos que organiza la Xunta.Él
no podía pagarse el avión para un viaje de nostalgia. Les dieron los billetes a un grupo
de ancianos, como una operación de imagen...los viejos emigrantes que regresan.
Entonces, a este hombre le entrevistaron en televisión. No entendía por qué le habían
pagado el viaje. A él que era un pobre hombre, que había fracasado en el sentido
económico. Le preguntaron: “¿Está usted orgulloso de ser gallego? Ahora en Galicia
hay carreteras, hay farolas, hay paseos marítimos, hay mucho asfalto. Cuando usted
marchó no había nada. ¿Usted está orgulloso de ser gallego?” . Dijo: “Sí, estoy muy
orgulloso de ser gallego porque gallego puede ser cualquiera”

Víctor Sampedro [Se lo traduzco a John y se ríe mucho: “De acuerdo. ¡Qué bonito!]:
¿Y sobre el nacionalismo, John?

John Berger:
¿Por qué esta pregunta resulta tan urgente hoy? Tal vez tengamos que empezar
dándonos cuenta de que la vida en la tierra resulta siempre muy dura y llena de dolor.
Uno de los estímulos y consuelos frente a este hecho, que me parece intrínseco a nuestra
existencia, es el sentido de pertenencia. El sentido de pertenecer significa...

Nela:
Las raíces...

John Berger:
Sí, las raíces. Es lo mismo. Raíces está bien, pero hay un sentido de pertenecer y
un cierto sentido de esperar e incluso algunas veces de encontrar y mostrar
reconocimiento. Esto empezó en el Paleolítico. Existía en las antiguas ciudades griegas,
y la muestra más tardía de esta necesidad de pertenecer a una tierra y a unas gentes, que
nace de la dureza de la vida, es el concepto de nación, con todas sus contradicciones.
¿Por qué es hoy tan urgente? Porque el poder de las naciones, de hecho, resulta
mínimo. Las decisiones que se toman ya no son nacionales. Las importantes son
internacionales, y ni siquiera. Las adoptan unos “especialistas” que no son
internacionales en el sentido de representar a un grupo de naciones, sino que actúan con
total independencia de todo el mundo, de todas las naciones. Además, de forma
completamente anónima. Pero sus decisiones afectan a todo el mundo, en todas partes
todo el tiempo. No sabemos sus nombres, no sabemos nada. Por supuesto, no fueron
elegidos ni representan a nadie. En cierto sentido también ellos son víctimas del sistema
al que sirven, porque sólo actúan como marionetas. Por supuesto merecen respeto,
porque también son víctimas.
En esta situación en la que el poder de las naciones es ínfimo, los valores son
impuestos por el mercado. Esta fuerza inhumana y la desaparición del sentido de
pertenencia provoca un nacionalismo muy radical y violento. Si pensamos en lo que
está pasando en Yugoslavia, achacar todos los males a las diferencias de etnia y de
religión resulta una gran mentira, una gran mierda. Por supuesto, que juegan un papel,
pero realmente pesan las razones económicas y la llegada del mercado. Esto es lo más
engañoso.
Si lo reconocemos, entonces tenemos que pensar que con el nuevo orden
mundial, el orden económico, también existe la nueva tecnología, con toda su red de
conexiones a Internet. En este contexto me parece que la única esperanza de recuperar
el sentido de pertenencia no es la vieja idea de nacionalidad, que ya ha sido barrida de la
historia, sino un sentido de pertenencia que tiene que ser establecido por todos y en el
cual las nuevas intercomunicaciones son una posibilidad. Y no estoy hablando como
Bill Gates. No estoy hablando de la aldea global, porque todo eso es absolutamente
hipócrita.
Por supuesto, la única forma de pertenencia válida ahora es encontrar una bolsa
de resistencia tras otra. Es lo único que puede darnos un sentido de comunidad. Esas
bolsas de resistencia son increíblemente diferentes y no tienen un programa común,
excepto la resistencia. Están en todas partes, de diferentes maneras. Y ahora pueden
estar interconectados. Tan pronto como conquisten poder y están empezando a hacerlo,
quizás todo todo ese potencial se convierta en algo totalmente diferente. Por esto digo
que no hablo como Bill Gates.

Manuel Rivas:
Lo que hablamos para mí tiene bastante relación con la visión que podemos
tener de la naturaleza, en paralelo a la que tenemos de las culturas y de su pluralidad.
Incluso, diría que guarda cierta relación con la polémica de los alimentos genéticamente
modificados. Es decir, creemos que se trata de sentido común y aceptamos que la
biodiversidad debe preservarse, que resulta deseable... Además sabemos que es algo en
movimiento, que no se puede recluir en un museo de historia natural, reconocemos que
sería algo lamentable para el mundo la desaparición de la Amazonía... o que se
impusiera una única marca de maíz, y que las semillas y el suministro anual dependiese
de una multinacional.
Yo reflexionaría sobre las culturas, el mestizaje y las raíces desde ese punto de
vista, desde un punto de vista ecológico. Incluso significa un desafío a la idea
tradicional de nación, como frontera fijada por una elite. Representa un cambio, en ese
sentido, radical. No conozco a ningún campesino que si llega una semilla de América la
desprecie. Al contrario, dice: “Ah! Mira qué palmera más hermosa creció aquí en mi
tierra”. Está orgulloso de cultivar un árbol que llega de América. En su tierra consigue
otra planta que no existía...o el kiwi. Si de repente cosecha unos kiwis preciosos, el
campesino se siente orgulloso. Ésas son las raíces... el juego con raíces.
Aunque parezca que cambio de tema, no cambio. Si pensamos qué es Europa o
la identidad europea, realmente ¿quién tiene una verdadera noción de lo que es Europa?
¿El consumidor medio que se levanta, hace su vida rutinaria y compra en un sitio sin
preguntarse de dónde viene el producto, digamos, el prototipo de cosmopolita
robotizado? ¿O la persona que muere por llegar a Europa, el emigrante que quiere venir
porque conscientemente sabe que aquí hay pan? Además, quizás inconscientemente,
sabe que hay más libertad, por lo menos piensa eso. Busca aquello que todo ser humano
busca con más intensidad en la vida, que es el pan y la libertad. Quizás quiere más a
Europa, resulta más europeo, el que se muere en el Estrecho que el europeo con todos
sus papeles en regla. A la hora de reflexionar sobre las raíces sería interesante pensar
quién es europeo, el que sueña con serlo o el que ya se lo cree.

Víctor Sampedro:
Propones, Manolo, que cuando pensemos las culturas y los nacionalismos lo
hagamos desde los términos de la biodiversidad. Que como campesinos no rechacemos
ninguna semilla que venga de fuera, que la plantemos y cultivemos. Y valoras el
europeismo de quien busca el pan y la libertad, dispuesto a morir por ello en el Estrecho
de Gibraltar, frente al que vive aquí con todo, y cuya libertad se reduce casi en exclusiva
a comprar diversos productos. Eso realmente cambia...

Manuel Rivas:
La idea de Europa. Muchos europeos carecen de ella, al contrario de los que
consideramos “los otros”, precisamente los que llamamos “extracomunitarios”...

Víctor Sampedro:
Tal vez el problema principal, a modo de sugerencia para hablarlo, resida en que
los nacionalismos oficiales no están guiados por necesidades reales y humanas. No
guardan apenas conexión con la vida cotidiana. Igual que en la iglesia, lo que dice el
cura no se parece en casi nada a lo que rezan los campesinos. Partiendo de ahí, tal vez el
problema, no sé si estáis de acuerdo, es que quien establece las líneas de las naciones
establece las líneas de poder. Asian Dub Foundation, un grupo angloindio de música
que nos gusta mucho, aunque no se parezcan nada a la que hace Pedro, afirman
refiriéndose al racismo que “la línea del color es la línea del poder”.

En principio, no deberíamos tener demasiados problemas para aceptar la
diferencia. Pero el problema surge cuando asociamos diferencia y poder. Los
campesinos nunca miran al extranjero de ese modo. Sólo quisiera que hablaseis y
reflexionaseis un poco sobre el racismo. Porque permanentemente nos enfrentamos a él,
a quién define quién al “otro”, en qué términos lo encorseta y cómo escapar de ello.

No hay comentarios: