miércoles, 18 de febrero de 2009

Emociones Topofílicas VIII

Con esta entrega concluye la publicación de Cans de Palleiro, conversación entre John Berger, Manuel Rivas y Víctor Sampedro.

***
Manuel Rivas:
Algo que me parece bastante dramático es que el sentido común y las religiones
y el cristianismo (que en este plano significó un gran avance) nos dictan la idea de que
todos somos seres humanos. Pese a tanto discurso, a la obviedad y al sentido común,
resulta increíble lo sencillo que resulta producir odio. Se hace escribiendo, usando las
palabras como mecanismos de generar odio. Cualquier repaso de la historia arroja un
balance tremendo. Una canción de Sting dice que no vamos a aprender nada de la
historia, porque la historia escrita es un catálogo del crimen. No tenemos más que ver el
siglo que acaba de pasar... y lo que estamos viendo.
Hablábamos antes del sentido de la utopía. Quizás debiéramos pensar que ya
sería una gran utopía afrontar cuestiones como el racismo desde el sentido común o la
biodiversidad. A veces me parecen batallas desmesuradas. Cuando las ves te dices: “¿Y
qué más?”. Antes también hablamos de Rusia, decía un periodista de allí en una
pequeña ciudad: “Bueno ahora tenemos libertad para escribir pero no tenemos papel”.
Pues la batalla primera sería que esa gente tenga libertad y papel.
Sobre el racismo resulta increíble lo importante que puede ser para la vida de
una persona, cómo puede cambiarla, la oportunidad de jugar al fútbol con otros de su
edad, de su mismo país y otras razas... los pases de balón. Sobre todo si recuerda el día
en el otro chaval que no le pasó el balón a otro de otro color . Esas cosas parecen
mínimas, pero son básicas. Bueno, no doy ninguna respuesta pero me apetecía decir eso
del balón.

Víctor Sampedro:
Es que todo empieza ahí.

Manuel Rivas:
Todo empieza ahí, es decir, que los niños se puedan pasar el balón. Fíjate tú que
batalla: que no haya muros entre esos chavales.

John Berger:
Bien, vuelvo con algo totalmente desconectado. Me gustaría regresar a lo que
estaba diciendo sobre los usos y significados alternativos de los nuevos medios de
comunicación. En uno de sus últimos textos Marcos termina hablando de Miguel Angel.
Cuenta cómo esculpió su última pieza, que fue La Piedad. Cogió una pieza de mármol
que ya había sido trabajada por otra persona, así que lo que pudo hacer era limitado.
Sólo pudo usar el espacio que quedaba para él. Y creó este increíble trabajo sobre la
compasión. Marcos termina su comunicado añadiendo, como acostumbra, una postdata:
“¿Tiene alguien un martillo?”
Si volvemos al racismo y al fútbol, en Francia ha perdido ahora casi toda su
visibilidad. Hay varias razones para esto, incluyendo por supuesto, los movimientos de
solidaridad con los inmigrantes. Pero el primer motivo y el más obvio fue la victoria del
equipo francés de la Copa del Mundo. Hablo en serio, porque de repente la victoria dio
forma a un sentido de identidad nacional y la mitad del equipo no eran jugadores
blancos. Resultaba extraordinario observar como toda la gente que había dirigido mal su
ira, dejaron de escuchar a Lepain. Aunque no es siempre el caso, el fútbol ofrece
conexiones políticas a veces muy positivas... y la música, la poesía... todas las
actividades de creación.
Frente al problema del racismo todos tenemos una tendencia de buscar a los
racistas y combatirlos. Pero creo que en cierto sentido todos somos capaces de
comportarnos y sentir como racistas, en cualquier ocasión. Porque el racismo no
empieza realmente con las ideas de: él es negro o él es oriental o lo que sea. El racismo
realmente empieza con una distinción mucho más sutil que establece: nosotros y ellos.
Arranca ahí, y ellos, los otros, tal vez, son quienes piensan cierto tipo de cosas, o viven
o vienen de determinados sitios. Ocurre, incluso, entre los pintores, ellos son abstractos
y nosotros somos figurativos [se ríe].

Víctor Sampedro [entre risas]:
Una gran lucha, sí señor.

John Berger:
Sí. El racismo se nutre de esa terrible y perniciosa distinción entre nosotros y
ellos. Por eso me parece muy, muy importante lo que intentamos al hacer música,
escribir o, simplemente, vivir. Se trata de que con nuestros actos hagamos esa oposición
más difícil para quienes nos ven, escuchan nuestra música o leen nuestras historias. El
impulso negativo nunca será eliminado, me parece a mí, pero la lucha debe continuar,
sin descanso.

Manuel Rivas:
Esto está en relación con la pobreza, el rechazo es al pobre no tanto al color

[John Berger asiente varias veces]

Víctor Sampedro:
Una profesora de universidad, Adela Cortina, especialista en ética propone un
término, que no es nuevo, viene de los griegos. Se llama aporofobia, la fobia, el miedo a
quien no tiene nada ...

Nela y Manuel Rivas:
Al pobre, al pobre...

Víctor Sampedro:
No se odia a quien es diferente sino al que no...

John Berger y Nela [a dos voces]:
al que no tiene.

Manuel Rivas:
Para el racista si se trata de una mujer guapa, africana o del color que sea, puede
poseerla, y entonces ya no existe racismo. El conquistador buscaba a las mujeres, no
tenía problema en poseer a las indígenas.

Víctor Sampedro:
Esta búsqueda de mujeres, de mujeres indígenas para las pasarelas de moda... es
otra forma de conquista de mujeres “indígenas”. Naomi Cambell, tan bella y distante,
no plantea problema de racismo alguno.

John Berger:
Sin problemas...

Manuel Rivas [acabamos compartiendo nuestras frases]:
con las top-models...

Víctor Sampedro:
El problema surge con la vieja mujer negra que vive en la calle, en la Gran Vía.
He visto que sobrevive allí, desde hace más de tres años, cada vez que la veo parece
más triste y deformada... pero resiste, es King.

John Berger:
Sí, sí.

Víctor Sampedro:
Sólo una cosa más. John ha escrito una reflexión sobre el amor que podría servir
como antídoto del racismo. Dices: “El verdadero amor es pensar que el otro es todo,
excepto lo que tú eres.” De modo que, si amas así, estás amando la totalidad, el
universo. Me parece una buena aproximación a la diferencia, que lo es todo, menos
aquello que creemos ser. Si amamos la diferencia estaremos amando todo. Podríamos
aplicarla al racismo, si estás de acuerdo.

John Berger:
Sí.

Varios meses después, entre las réplicas del terremoto de El Salvador, me
recomiendan un autor y un libro desconocido: Manlio Argueta, Un día en la vida. Se
trata de un magnífico monólogo interior de una campesina acosada y enviudada por los
paramilitares. En unas páginas intenta quitarse el miedo hablando con su can de
palleiro, que allí llaman chucho aguacatero, con párrafos de este calibre:
“El chucho es mi hijo, mi hermano, mi primo, mi tío, mis abuelos, mis sobrinos,
mis tíos abuelos y mis sobrinos-nietos, bisnietos y tataranietos. Sin chucho no hay
familia, es la verdad”.
“El chucho ladra para hacerse sentir y me habla cuando tiene hambre, cuando
tiene frío. El chucho es como los pollitos sólo que no le hacen canciones para cantar en
la escuela”.
“El vivo a señas y el chucho a palos, eso es nada más por decirlo pues a veces
puede volverse al revés y el chucho atiende a señas y el vivo a palos”.
“Cuando las ánimas andan sueltas es mejor agarrar el chucho a un palo de jocote
o madrecacao porque si no se agarran a mordidas y el que lleva las de perder es el
chucho. Si está amarrado, la cosa cambia porque entonces las ánimas creen que es un
hermano de sufrimiento y no lo atacan. Tiene que ser en un jocote o un madrecacao”.
En Madrid no hay. Aquellos chuchos aguacateros desaparecieron en la noche tras
alguna ánima.

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